En Creamos, el Día de la Madre nos invita a reflexionar sobre las complejas realidades de la maternidad.
Para muchas de las mujeres con las que trabajamos, la maternidad llegó temprano y en circunstancias difíciles. Algunas se convirtieron en madres siendo adolescentes; otras, mientras vivían relaciones marcadas por la violencia o el control. Muchas entraron a la maternidad mientras navegaban la pobreza, el desplazamiento o el peso del trauma intergeneracional.
Estas madres cargan con la profunda responsabilidad de criar a la próxima generación, a menudo con un apoyo limitado y dentro de sistemas que no fueron diseñados para sostenerlas. Hacen sacrificios diarios —dejando de lado su propia educación, descanso y sueños— para asegurar que sus hijos tengan lo que necesitan.
Y aun así, también vemos su fortaleza: madres que regresan a la escuela mientras cuidan a niños pequeños; que dejan relaciones abusivas para crear futuros más seguros para sus familias; que invierten en sí mismas a través de terapia, talleres de crianza y capacitación laboral. Vemos madres que se niegan a dejar que sus circunstancias definan lo que es posible.
Reflexionando sobre el Día de la Madre, honramos a las madres y a todas las cuidadoras de nuestra comunidad. Reconocemos el peso completo de lo que cargan y el valor que se necesita para seguir adelante.
También nos recomprometemos a crear las condiciones que permitan a las madres ser más que cuidadoras: ser estudiantes, profesionales e individuos con sus propias aspiraciones y futuros.
Porque ninguna mujer debería tener que elegir entre la maternidad y su propio futuro.
Gracias a todos ustedes por apoyar el trabajo que permite que las madres y cuidadoras sean más.